Un paciente de ELA estableció un récord comunicándose a través de un implante cerebral: 62 palabras por minuto


En la nueva investigación, el equipo de Stanford quería saber si las neuronas en la corteza motora también contenían información útil sobre los movimientos del habla. Es decir, ¿podrían detectar cómo el “sujeto T12” intentaba mover la boca, la lengua y las cuerdas vocales mientras intentaba hablar?

Estos son movimientos pequeños y sutiles y, según Sabes, un gran descubrimiento es que solo unas pocas neuronas contenían suficiente información para permitir que un programa de computadora predijera, con buena precisión, qué palabras estaba tratando de decir el paciente. Esa información fue transmitida por el equipo de Shenoy a la pantalla de una computadora, donde aparecían las palabras del paciente tal como las pronunciaba la computadora.

El nuevo resultado se basa en el trabajo previo de Edward Chang en la Universidad de California, San Francisco, quien ha escrito que el habla implica los movimientos más complicados que hace la gente. Expulsamos aire, añadimos vibraciones que lo hacen audible y lo convertimos en palabras con la boca, los labios y la lengua. Para hacer el sonido “f”, colocas los dientes superiores en el labio inferior y expulsas el aire, solo uno de las docenas de movimientos de la boca necesarios para hablar.

Un camino a seguir

Chang usó previamente electrodos colocados en la parte superior del cerebro para permitir que un voluntario hablara a través de una computadora, pero en su preimpresión, los investigadores de Stanford dicen que su sistema es más preciso y de tres a cuatro veces más rápido.

“Nuestros resultados muestran un camino factible para restaurar la comunicación de las personas con parálisis a velocidades conversacionales”, escribieron los investigadores, entre los que se encontraban Shenoy y el neurocirujano Jaimie Henderson.

David Moses, que trabaja con el equipo de Chang en UCSF, dice que el trabajo actual alcanza “nuevos e impresionantes puntos de referencia de rendimiento”. Sin embargo, a pesar de que se siguen rompiendo récords, dice, “será cada vez más importante demostrar un rendimiento estable y confiable en escalas de tiempo de varios años”. Cualquier implante cerebral comercial podría tener dificultades para pasar los reguladores, especialmente si se degrada con el tiempo o si la precisión de la grabación disminuye.

Es probable que el camino a seguir incluya implantes más sofisticados y una mayor integración con la inteligencia artificial.